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Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos, tomo 2
La ortopedia de los pobres
José Pedro Barrán
1993

Muestra el poder médico del Novecientos en sus lugares concretos —dispensario, hospital, manicomio, Sifilicomio, higiene dirigida a los pobres— y su contrapunto, un saber popular que entendía la salud como gozo del cuerpo; es la fuente uruguaya de la medicina como poder de clase y de las resistencias a ella. Barrán sostiene que ese poder fue también de género y cultural, que se ejerció primero sobre marginados, pobres, locos y mujeres, y que el higienismo fue una empresa de control social que se sirvió de una obsesión colectiva, la salud y la vida larga. Recorre la reglamentación de la prostitución, la psiquiatría y el aislamiento del loco, y el médico como educador, legislador y controlador de los pobres, y cierra con las resistencias. Lo leímos por tramos.
Estructura
Introducción
I. Dispensario y hospital: cura y disciplinamiento de los pobres
II. El Manicomio y la razón médica
III. «La deshonesta comandita de la medicina y la policía»
IV. El disciplinamiento sanitario-moral de los pobres
V. La condenación médico-iluminista de la cultura popular
VI. Resistencias
Citas
«un poder de clase, de género y cultural por estar inmerso en una sociedad dividida ostensiblemente en clases, géneros, y por la cultura»
«el plan médico de salvación de los pobres incluía tanto su curación como su desprecio y su culpabilización»
«Para el saber popular, la salud equivalía al estado de satisfacción del cuerpo desde el doble punto de vista del bienestar físico y la sensación de sentirse colmado. La salud no era el control del deseo sino su liberación: se equiparaba con el gozo de todo el cuerpo.»
«Los pobres fueron, así, objeto de una ortopedia que buscó corregir tanto las «deformidades» de su […] como de su alma.»
