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Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos, tomo 1
El poder de curar
José Pedro Barrán
1993

Ediciones de la Banda Oriental, 1992
Está porque cuenta cómo en el Uruguay del Novecientos la salud pasó a ser un valor absoluto, «una nueva clase de super-yo», y el médico, el sacerdote y confesor laico de una sociedad secularizada. Barrán lo explica como cambio de sensibilidad y no como complot de la corporación médica, con cifras, casos de «todo era sífilis», hereditaria hasta siete generaciones, y la persecución judicial de los curanderos. Es el primer tomo de una historia del poder médico: su autor cuenta que no es médico ni historiador de la ciencia y que le interesa la historia del poder de la ciencia más que la de sus descubrimientos. Su hipótesis es que la cultura pasó de la preocupación por la enfermedad al culto de la salud. Describe la dispersión del poder de curar en el siglo XIX, el monopolio de «la clase médica» en el Novecientos y el carácter de ese poder, que se extiende de los enfermos a los sanos e invade el cuerpo y la intimidad. Lo leímos por tramos.
La medicalización de la sociedad —la asunción por la cultura de los derechos de la salud— tuvo, pues, su contracara: la socialización del saber médico, es decir, la infiltración de los valores, la mentalidad y la sensibilidad dominantes en el saber científico.»
Del libro
Estructura
Introducción
I. La dispersión del poder de curar en el siglo XIX
II. El Novecientos: hacia el monopolio médico del curar
III. El nacimiento de «la clase médica»
IV. El culto a la salud
V. La obsesión por la enfermedad
VI. Ciencia y Estado
VII. El poder absoluto
VIII. El sometimiento
Cuadros estadísticos · Notas
Citas
«…tenía como oficiante al clero católico abstinente; el nuevo tendría como tal al médico monógamo.»
«Desde este ángulo, la medicalización de la sociedad fue una parte —y no pequeña— de un proyecto de orden, tanto social como mental.»
«…su poder de curar era menor del que debían fingir al serles franqueados los zaguanes de las casas de sus pacientes»
«…ahora pasó a los sutiles e inadvertidos —el maestro, el médico—, poderes que partían de la libertad y la Razón.»
