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Cape Cod
Henry David Thoreau
1865

Lo tenemos como escritura de la naturaleza desde el contacto directo con el mar y la costa. Es el relato de los viajes de Thoreau al cabo Cod, en Massachusetts: uno en octubre de 1849, otro el junio siguiente y un tercero a Truro en julio de 1855, unas tres semanas en total, en las que recorrió dos veces a pie la costa atlántica de Eastham a Provincetown y cruzó el cabo media docena de veces. Empieza queriendo un mejor panorama del océano y cuenta el naufragio con el que se topa al llegar, las diligencias, las llanuras de Nauset, la playa, el ostrero de Wellfleet, el faro de Highland, el mar y el desierto de arena, y Provincetown. El libro mezcla lo que ve y lo que le cuentan los vecinos con la historia del lugar. Cierra aconsejando visitar esta costa en otoño o en invierno y alojarse en un faro o en la cabaña de un pescador.
Del grupo de notables que a mediados del siglo pasado tuvieron su hogar en la pequeña población de Concord, en Massachusetts, otorgándole con ello una fama literaria a la vez especial y duradera, Thoreau es el único nacido allí. Su vecino Emerson había buscado aquel sitio en su madurez como refugio rural y, después de haberlo convertido en el lugar elegido para su retiro, le siguieron Hawthorne, Alcott y otros; pero Thoreau, el genio más peculiar de todos ellos, era hijo de la tierra. En 1837, a los veinte años de edad, se graduó en Harvard, y durante tres años fue maestro de escuela en su pueblo natal. Luego se puso a trabajar en el negocio al que estaba dedicado su padre: la fabricación de lapiceros de grafito. Creía poder fabricar un lapicero mejor que cualquiera de los que se usaban en aquella época, pero cuando tuvo éxito y sus amigos lo felicitaron por haberse abierto la perspectiva de hacerse rico, él respondió que jamás fabricaría otro lapicero. «¿Para qué?», dijo. «No quiero hacer de nuevo lo que ya he hecho una vez». Albergaba una marcada antipatía hacia el tipo urbanita acomodado, y hablando de esta clase de personas señala: «Habitualmente realizan cada día una pequeña actividad con objeto de mantenerse y luego se reúnen en los salones a fabular lánguidamente y a chapotear en la sensiblería social, y se marchan sin reparos a la cama a revestirse de una nueva capa de pereza». Las personas que él prefería eran de un tipo más primitivo, sin artificios, con el valor necesario para librarse de las ataduras de la moda y las costumbres heredadas. Le gustaba especialmente la compañía de aquéllos que vivían en estrecho contacto con la naturaleza. Un irlandés semisalvaje, un rudo granjero, un pescador o un cazador, le producían verdadero placer; y por ese motivo, Cape Cod lo atraía poderosamente. Constituía por entonces una porción sumamente aislada del estado, y sus habitantes eran precisamente del tipo de gente independiente, autónoma, que lo atraía. En la narración de sus excursiones por allí ocupa un lugar principal el elemento humano, y el autor se detiene larga y afectuosamente en las características de sus conocidos casuales, anotando todo comentario relevante por su parte. Sin duda ellos a su vez, también lo encontraban interesante, aunque los propósitos del viajero fueran en buena medida misteriosos para ellos y se inclinasen a pensar que se trataba de un buhonero.
Texto de la editorial
Estructura
Introducción, de Clifton Johnson, ilustrador de esta edición
I. The Shipwreck
II. Stage-coach Views
III. The Plains of Nauset
IV. The Beach
V. The Wellfleet Oysterman
VI. The Beach Again
VII. Across the Cape
VIII. The Highland Light
IX. The Sea and the Desert
X. Provincetown
Lista de ilustraciones y notas
Citas
«I did not see why I might not make a book on Cape Cod, as well as my neighbor on “Human Culture.”» (cap. I, The Shipwreck)
«There was nothing but that savage ocean between us and Europe.» (cap. IV, The Beach)
«A man may stand there and put all America behind him.» (cap. X, Provincetown, última frase del texto)
